Marcos Acosta exhibe en el Caraffa la muestra de dibujos y pinturas “Origen de la catástrofe”.

Por Verónica Molas para LA VOZ DEL INTERIOR 15/12/2009

 

Un mundo de contradicciones donde conviven en igual dosis drama y belleza es lo que propone Marcos Acosta en “Origen de la catástrofe”. En su muestra recientemente inaugurada en el Museo Caraffa (Poeta Lugones 411), mientras los dibujos estampan escenas de devastación dominadas por manchas negras y enjambres de líneas, las pinturas rebosan de lirismo, y algunas de estas telas son casi postales surrealistas en las que refulgen los colores y se respira un bullicio esplendoroso de lo natural.

 

–¿Son más pesimistas los dibujos?
–Son lenguajes distintos. En los dibujos mi reflexión se vuelve más ácida, mucho más cargada de urgencias que con la pintura. A través del dibujo suelo explorar mis reflexiones sobre el mundo de un modo muy directo, aprovechando la espontaneidad que surge. No cambio nada de lo hecho en un dibujo, lo que aparece allí queda. Es un ejercicio de mucha precisión, que exige una gran concentración mental. Tal vez por ese motivo parezcan más despojados, menos exuberantes que una pintura, más severos, aparentemente más trágicos.

 

A fuego lento
Para el artista, la pintura tiene de por sí una carga de sensualidad que la aproxima a un lenguaje más complejo. En la pintura, dice, el color debe hablar por sí mismo. Además, “en la pintura entra en juego una suerte de cocción lenta, en la que los elementos aparecen y se van transformando, van evolucionando dentro del cuadro hasta llegar al punto en que decido abandonarlos”.

Para Marcos Acosta, pintar un cuadro es un ejercicio de introspección y mutación, algo intestino; y dibujar es “un ejercicio de extroversión e inteligencia, algo más mental”.

 

–¿En esa relación hombre-naturaleza que proponés hay más de una idea?
–Esta nueva serie de trabajo está atravesada por un sentimiento de profunda contradicción. Parece una postura extraña, y que en realidad hay que tomar partido por una cosa u otra, pero hoy no tengo en claro qué es bueno y qué es malo a un nivel universal. Tal vez esto no exista más que en una construcción humana de pensamiento. Por eso no puedo ser ni pesimista ni optimista, simplemente me estoy limitando a pensar en torno a la relación entre el hombre y la naturaleza, y esa relación tiene matices optimistas o pesimistas de acuerdo a la perspectiva con que se mire. Creo que dibujos y pinturas plantean el profundo sentimiento de contradicción que experimento como ser humano al ver que todo nuestro entorno está modificado y arrasado. Sin embargo, el confort y el mundo en el que estamos acostumbrados a vivir, y que no cambiaríamos por nada seguramente, depende de este nivel extraordinario de destrucción y explotación de nuestro hábitat. La reflexión se centra en la confrontación entre nosotros y la naturaleza, es decir, nosotros mismos, ya que somos parte de ella.

 

–Nubes negras y radiantes verdes, o la enorme ola azul con espuma, ¿son caras de una misma realidad?
–Sin duda. Pienso que nada es artificial, todo es natural. Si el hombre es un ser de la naturaleza, todo lo que construya también lo será, la belleza y el caos.

 

–¿Lo artificial y lo natural definen tu obra? 
–Lo artificial no existe verdaderamente ya que el hombre  reunió para ello partes de la naturaleza. El hombre está en complejo conflicto de pensamiento. Esto nos confronta con una postura histórica respecto de su rol en el orden universal: el de dominar las cosas. Estas sensaciones conviven en mis obras en una tensión extraña, contradictoria. Yo también tengo las mismas ilusiones de dominio. Es una permanente lucha entre una conciencia y un deseo, entre una realidad y la permanente duda sobre esta realidad. Un momento en el que, sinceramente, no sé que hacer con respecto a la catástrofe que se vislumbra.

 

La muestra
“Origen de la catástrofe” en el Museo caraffa (Poeta Lugones 411)
Martes a viernes de 10 a 20. Sábados y domingos de 10.30 a 19.